Si se nos escapa la liebre, vaya y pase, pero la tortuga ¡No!

De entre las tantas mascotas que marcan la vida de un niño, tuve una tortuga. No se llamaba “Manuelita”, ni de ningún otro modo. Era simplemente “La” Tortuga. Sí, como si no hubiera otra en el mundo y ese fuera su nombre propio. Un día no encontré a la Tortuga. De algún modo se las había arreglado para escapar a la vigilancia diaria de la familia y había cortado su cordón umbilical (según aprendí después, las tortugas no lo tienen ni lo necesitan) para salir a recorrer el mundo y cambiar las domésticas lechugas por la amarga radicheta silvestre, atemperada por la dulzura de la Libertad.

Al año siguiente, una vecinita, menor que yo, vino a casa a devolverme a “la” Tortuga que había aparecido en su jardín, y que tras su “año sabático” volvió a la rutina de las lechugas.

Pero en realidad el recuerdo del escape de “mi” Tortuga, es sólo algo que se me cruzó en el recuerdo cuando vi escritas en las redes sociales algunas de las críticas que el periodista Eduardo Anguita recibió por un comentario efectuado sobre el tema “fuga de divisas” en un reportaje que éste efectuara a la Sra. Secretaria de Comercio, Beatriz Paglieri.

Eduardo Anguita, periodista de reconocida tradición política de izquierda y respetado por propios y extraños, preguntó a Beatriz Paglieri sobre fuga de divisas, dando lugar a una diferencia de opiniones que el periodismo cipayo de los medios concentrados, gustosos de escarbar en las gusaneras como buenas aves de rapiña, se ocupó de ahondar en su ímproba tarea de originar roces que desgasten al Gobierno Nacional y a su imagen.

Sin embargo, eso no es lo más grave: en las redes sociales hubo voces propias que se atrevieron, sin atreverse a usar en realidad ese desagradable término, a tratarlo de traidor.

Hay dos clases de militantes: los que confían con fe ciega en el rumbo tomado y los que lo verifican a ver si no estamos errando en algo. Ambos son importantes. La fe y la ciencia.

Y ambos deben reconocer la importancia del otro. Unos y otros no deben olvidar que están trabajando para un proyecto común y que las diferencias hay que discutirlas. Que los trapos, sucios o no, hay que lavarlos en casa, sin descalificaciones, entre compañeros. ¿O es que no hemos aprendido nada?

Los mejores gobernantes a veces han desoído buenos consejos en su propio perjuicio y el de sus pueblos. Un ejemplo lo podríamos tener con Perón en su segundo Gobierno. La decisión de no “armar al Pueblo” aduciendo la posibilidad de “un baño de sangre” bilateral significó o precipitó precisamente su caída y el baño de sangre unilateral que la siguió. Para prevenir un mal menor, se ocasionó uno mayor. Años de dictaduras militares y de gobiernos antipopulares fueron los hijos de aquélla errónea decisión.

Con esto no quiero significar que la Sra. Secretaria de comercio o el Sr. Anguita tenga uno o el otro más o menos razón. No soy un especialista en la materia, y en realidad lo importante de la cuestión no es si “hay o no” fuga de divisas. Seguramente habrá quien consiga escapar a la red de control que se ha montado al respecto. Seguramente también serán muchos menos que los que antes fugaban. Quizás sea necesario, o quizá no lo sea, “afinar aún más la sintonía”. Cuantificar esta cuestión supongo que debe ser un asunto difícil, y en el que la Sra. Paglieri y el Sr. Anguita pueden no estar de acuerdo, pero no es de ningún modo el motivo para darle de comer a los carroñeros.

Aunque en este caso, debemos reconocer que aquí no fue que alguien se quedó dormido cargando con la culpa del escape de la tortuga. A lo sumo, algún tiro puede haber errado la liebre, que, como reza el popular dicho, puede escapársele al mejor cazador. Y ningún buen cazador debe avergonzarse por el tiro errado, sólo verificar la mira del arma y procurar apuntar mejor la próxima vez.

Por eso, compañeros, seamos cuidadosos: No dejemos de reconocer como tales a aquellos que con la mejor buena intención, nos marcan que podemos estarnos equivocando en algo, aunque pueda no ser así. El que avisa, compañeros, NO ES TRAIDOR.

La prensa cipaya pretende descalificarnos de dos modos: si “todos pensamos lo mismo” somos totalitarios, discriminadores y hasta fascistas. Si “tenemos diferencias” entonces, abonando la imagen que somos “un total desgobierno”, “un quilombo total” procuran dar la razón a uno o el otro para provocar divisiones, frecuentemente poniendo en boca de los compañeros que han discutido, palabras que no dijeron o fuera de contexto. ¡Que no lo logren! Opinemos, es importante, pero no califiquemos de enemigos a aquellos compañeros que ven algunas cosas de otra manera. Eso sí que es hacerle el juego a nuestros verdaderos enemigos. Y me refiero a enemigos, no a adversarios, a esos que, desde otros lugares, nos dicen cara a cara que opinan diferente y se hacen cargo ellos mismos de su propia posición. Por enemigos entiendo a aquellos que, desde la prensa cipaya, desde una aparente posición “neutral”, “objetiva” o “imparcial” o incluso desde la quinta columna, infiltrados en nuestras propias filas, usan o promueven nuestras diferencias para sembrar la discordia y la división.

Lo peligroso no es que tengamos diferencias: lo realmente peligroso es hacer oído a los que pretenden pescar en río revuelto.

Quizá al compañero Anguita o a la compañera Paglieri pudo habérseles escapado la liebre. Ambos son buenos cazadores. Controlarán la mira y apuntarán con cuidado la próxima vez. Pero que a nosotros no se nos escape la tortuga: Sepamos tolerar las diferencias entre nosotros, cuando lo que se procura es el bienestar de todos. Que no se nos escape tampoco la tortuga haciéndonos eco de lo que pueden decir nuestros enemigos. Recordemos la Parábola del Sembrador, no seamos nosotros el campo donde dejemos crecer la cizaña.

Carlos Eduardo Fernández

 

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Acerca de carlosfernandezaagaard

Docente, interesado en temas sociales
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